Solo quiero volver a leer, una y mil veces, el cómic que devoraba de chiquito: Las amargas desventuras de Horsey, el caballito patizambo. Horsey era calvo de crines, rechoncho y patituerto. ¡Un cuadro cuadrúpedo de cubismo equino! Aun sabiendo que sus peculiaridades, [un] pelín torpe le hacían: —¡Trota, Horsey, trota! —todos le decían. ¡Demasiada gente mala con mala baba para tan buen potrillo! ¡Ay, Horsey! ¡Mi Horsey! ¡Mi luz y guía! "Tebeo" y te releo cada día de mi vida.